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10 sept 2015

Carta insomne a una señorita que duerme

Hola:

Me preguntaba mientras miro el techo de mi recámara ¿Qué esperas de mí? Tal vez esperas al príncipe azul,al Catrín de guante blanco y bastón; al chico ideal, puntual, atento y un poquito celoso. ¿Esperarás que use zapatos y tenga ojos, manos y boca sólo para ti? No sé si perderé antes de declarar la guerra, pero creo que este manifiesto de quién soy es en realidad necesario. Te escribo para no despertarte, pero bueno cuando en tu quieta mañana poses tus ojos en esta carta, seguro lo harás.
No prometo serte fiel, no prometo celarte, no prometo dejar a un lado a todas las señoritas, amigas mías, que llegaron antes a conocerme y con las que nunca pasó nada.
No prometo ser formal, no prometo estar siempre a tiempo, no prometo recordar el minuto exacto de la hora mengana en el día zutano cuando tus ojos se cruzaron con los míos en el pasillo cuatro del edificio tres; mucho menos la fecha del quinceavo mes inexistente de la inútil rueda calendárica.
No prometo regalarte cosas, no prometo cena, cine y baile; no prometo sobregirar mi cartera ni rogar por gasolina si tu humor lo decide porque hoy es el día de santo de la amiga de tu prima y la misa es en la esquina cercana al planeta más lejano del Sistema Solar.
No prometo sonreír, no prometo conocer a tus padres, no prometo hacerme el amigo favorito ni el cuñado perfecto que tu mundo piensa que mereces.
No prometo prometerte cosas, no prometo ilusionarte con blanco, no prometo imaginarme un futuro juntos con escena de iglesia, montañas de familia, hijos limpios y uniformados porque el kínder excesivamente caro así lo solicita.
No prometo ser tranquilo, no prometo perfección, no prometo traicionar a mi tierra, a mis ideas, a mis amigos humanos que llevan más tiempo en mi vida que los pantalones rotos que uso los viernes; no prometo cambiar por ti ni por nadie.
Ahora bien, lo que sí prometo es darte el beneficio de la duda, permitirme conocernos, conocerte descubrir a ciencia cierta si mi falta de promesas se parece a tu príncipe guinda con manchas negras que, si bien no es al que esperas desde el balcón de la torre más alta, no haya inconveniente si aparece a salvarte de la monotonía.

Buenas noches.

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